Estando próximo el inicio de una modalidad de caza muy apreciada en nuestra zona como es la del pájaro de perdiz, también llamada “Al puesto “ o en otras zonas “ cuchicheo”, “ cuco”, etc. es una modalidad cinegética catalogada como tradicional, por ello los conocimientos adquiridos por nuestros antepasados jauleros se han ido trasmitiendo de padres a hijos. Para hacernos una idea de lo que es la caza, tenemos que remontarnos a la antigüedad. La caza, tanto de animales de pelo como de pluma, es una de las prácticas más antiguas que ha realizado el hombre para subsistir, aunque ahora se entiende con otra filosofía.
Historia Antigua: Una de las formas más antiguas que tiene el hombre de conseguir alimento, la caza se practica desde el principio de los tiempos, cuando los animales salvajes proveían a los hombres de carne para comer, además de pieles para vestirse. El hombre cazaba ya en el Paleolítico y se cree en épocas glaciares sobrevivió gracias a ella. Así en Grecia, se considera que los griegos fueron grandes cazadores. De modo que mientras en la Grecia central se dedicaban a cazar los pocos leones que aún quedaban, en la septentrional lo hacían con las panteras. Pero además de animales tan exóticos, también se cazaban otros que resultan algo más cercanos a nuestros tiempos como son la liebre y el jabalí. La primera, cazada con arco y flechas, se aderezaba, parece ser, con aceite, cominos, tomillo, cebolletas y orégano, como también se cazaba la perdiz, una especie muy próxima a la autóctona ibérica, aunque distinta, conocida como perdiz griega. Durante la Edad Media es cuando la caza tiene uno de sus mejores momentos. En las cortes borgoñesas era costumbre hacer el voto del faisán, una tradición que consistía en que un caballero, antes de trinchar y repartir el animal cazado, hacía promesas de hazañas (generalmente relacionadas con la guerra) ante los presentes que participaban del agasajo. Aun cuando la primera referencias históricas acerca de la práctica de la caza del pájaro de perdiz, se encuentra en el siglo VI a. C. donde aparece en una de las fábulas de Esopo (620 y el 560 a. C.), concretamente en la de “El Pajarero y la Perdiz " en la que se contiene una alusión a la existencia de una perdiz utilizada como reclamo.
Posiblemente cuando se comprobó que el canto de las perdices enjauladas atraía a sus congéneres salvajes hizo posible el nacimiento, hace siglos, de esta apasionante modalidad de caza. Lógicamente las “armas utilizadas” para su captura serían las propias del momento, como podrían ser piedras, redes u otros artilugios rústicos y primitivos, no descartando también el arco y las flechas (incluso hoy día un buen tirador de flechas, acierta al blanco a la distancia a la que se ponen las perdices en el tanto).
Con el paso de los años la esencia, es en el fondo la misma, de esta forma de cazar, ha permanecido inalterable, eso sí han evolucionado y aparecido accesorios nuevos en su práctica.
La perdiz roja autóctona (Alectoris rufa), como toda gallinácea, atraviesa a la largo del año por una fase de celo previa al apareamiento y posterior nidificación. Todo comienza cuando en el bando de perdices se inicia la separación del clan familiar en pares o parejas.
Esta separación no tiene nada de dulce ni de romántica, pues el sistema de elección que tienen los machos para elegir su hembra se caracteriza por peleas entre ellos que van desde aletazos, picotazos, agarrones y un sin fin de muestras guerreras. Esta fase se conoce con el nombre de picadilla, debido a las luchas que mantienen entre ellos.
Estas parejas recién formadas eligen un territorio, más o menos amplio, donde realizaran posteriormente el nido y sacaran, llegado su momento, a su prole. Este terreno ocupado se denomina querencia. Siendo la perdiz un ave extremadamente territorial, defenderá con gran arrojo y valentía sus dominios, y así ante la menor señal que detecte de encontrarse con algún intruso en “su casa” acudirán presurosos a castigar al invasor del terreno ocupado para desalojarlo de forma inmediata.
Es precisamente aquí donde se basa la caza de la perdiz con reclamo, en colocar un macho enjaulado en el campo que por medio de sus cantos y sonidos intente atraer a su presencia a aquellas perdices que estén a su escucha.
Los recursos sonoros del macho enjaulado o reclamo para lograr sus objetivos son muchos, la importancia de conocerlos, el saber interpretarlos y así mismo el poder distinguirlos por el aficionado es de gran importancia.
El reclamo dispone como decimos de un variado repertorio musical que emplea en su “guerra dialéctica” con sus congéneres salvajes y así tenemos: reclamar, dar piñonazos, la embuchada, aguileo, regaño, ajeo, titeo, chirrido o rebote, dar de pie, rinreo y así hasta un total de 21 recursos sonoros que emite (según los estudiosos de esta especie) siempre adaptándolos al estado de celo del campero.
Para su práctica es necesario conocer el escenario donde se va a desarrollar el lance que se compone básicamente del puesto (habitáculo donde el cazador se oculta para observar el trabajo de su reclamo y desde donde dispara a la perdiz entrante) el repostero, pulpitillo o tanto (es el lugar donde se coloca el reclamo para que por medio de sus cantos pueda provocar a los machos y camelar a las hembras) y por último la plaza o tiradero (lugar que circunda el tanto).
Existe una norma invariable en esta modalidad de caza consistente en tirar solo a la perdiz salvaje que se encuentre en plaza y que además haya sido recibida por el reclamo, pudiendo hacer de esta forma que el pájaro que ha sido bueno, deje de serlo a raíz de tirar mal una perdiz. Cuando no se dan esta premisas lo que procede es indultar y dejar marchar a la perdiz entrante, ya que según el código no escrito de esta modalidad de caza sólo se es buen cazador de pájaro cuando matas a una perdiz que “entra al pájaro”, determinando así el buen cazador del que sólo busca “carne”, acechando perdices en lugar de saborear el puesto en toda su plenitud. Además está mal visto entre los cazadores de pájaro el ir a un puesto con varios pájaros. Si no canta uno, colocan otro, no dando oportunidad a que vea los de campo, o que tarde más en salir cantando.